Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.
Génesis 32:24
En esta porción vemos un poco de la historia de Jacob, el usurpador.
Desde que él estaba en el vientre de su madre, junto a su hermano Esaú, intentaba usurpar el lugar de su hermano mayor y recibir su bendición, y cuando nació, lo hizo asido del talón de su hermano que nació primero.
Toda su vida, Jacob procuró la bendición de su hermano y en una oportunidad la tomó y confabuló con su madre para engañar a su padre y recibirla oficialmente, pero aún cuando Isaac lo bendijo, Jacob no se sentía un hombre bendecido, porque la tomó ilegítimamente.
¿Has intentado tú hacer las cosas igual que otros? ¿Estás sirviendo a Dios para obtener un beneficio que no es propiamente agradar a Dios? ¿Has sentido envidia acerca del ministerio de otros miembros de la iglesia? ¿Te sientes en competencia por alcanzar reconocimiento de la comunidad?
Preguntas como esas te deben llevar a revisar tus motivaciones para seguir al Señor, ya que puedes encontrarte en una situación como Jacob, que aunque tiene una bendición, lo que siente es una gran carga.
Cuando estamos sirviendo a Dios por las razones equivocadas, no hay plenitud ni satisfacción.
Cuando Jacob debía regresar y enfrentar a su hermano, se encontró a solas con Dios y luchó con Él.
Los encuentros a solas con Dios son necesarios para exponer nuestro corazón.
Esto permite que podamos enfrentarnos a nosotros mismos y confrontar nuestro pasado. ¿Eres infeliz? ¡Apresura este encuentro con Dios!
No encubras nada, revélale todo y deja que Su amor cubra las faltas, eche fuera el temor y perdone tus pecados.
Quedarnos solos con Dios es un buen momento para evaluar nuestro pasado y ser guiados en el futuro, para hacer las cosas a Su manera, y ya no más a la nuestra.
¡Quédate a solas con Dios!
Serie: Legítimo.
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