Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. 1 Corintios 10:6
El pueblo de Israel, aunque había salido de la esclavitud y se le había dado la oportunidad de vivir diferente, no quería hacerlo, y una de las cosas en las que persistían era en codiciar.
La codicia se ha definido como un afán excesivo de riquezas, como un deseo voraz y vehemente de algunas cosas, no solo de dinero o riquezas, sino también de posesiones, poder y estatus. Lo que más caracteriza al codicioso es un egoísmo que nunca se consigue satisfacer y esto le genera muchos conflictos.
Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. 1 Timoteo 6:10
Fíjate cómo el amar al dinero, nos desvía de la fe y caemos en muchos dolores a causa de nuestras malas decisiones y acciones egoístas que nunca encuentran satisfacción.
Muchas veces nosotros nos encontramos en desiertos espirituales en nuestras vidas, estos desiertos tienen carencias y prueban los anhelos de nuestro corazón, pero son temporales, son pasajeros y tienen fecha de caducidad. La meta de Dios para su pueblo no era el desierto, era una tierra llena de abundancia.
Tal vez hoy tú te encuentres en un desierto donde Dios está probando tu corazón, ¿qué es lo que más anhelas? ¿A Él o a las cosas que puedes tener cuando salgas del desierto?
En la Escritura conocemos el ejemplo del profeta Balaam, que nunca trató con la codicia de su corazón y pereció a causa de estar con las personas equivocadas todo por querer poder, estatus y riquezas. También tenemos el ejemplo de Judas, quien por codicia entregó a Cristo por unas cuantas monedas.
Familia en Cristo, el mundo pasa, y sus deseos, pero la Palabra de Dios permanece para siempre, permanezcamos nosotros también en la Palabra de Dios y no en la codicia de bienes y satisfacciones efímeras que nunca traen contentamiento.
Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
Mateo 16:26
Dios nos está advirtiendo del peligro de la codicia para salvar nuestras almas. ¿Sabes cuánto vale tu alma para Dios? Toda la sangre de Su Hijo unigénito, su amado, en quien Él tenía complacencia.
Tú vales para Dios más que cualquier cosa en el mundo: dejemos a codicia atrás y estemos contentos con permanecer al abrigo del Altísimo, bajo la sombra del Omnipotente, disfrutando su cuidado y provisión, pero sobre todo: Su presencia.
ORACIÓN: Padre, perdóname si en mi vida he codiciado, hoy propongo estar contento con las delicias que sólo encuentro a Tu diestra. Hoy decido dejar atrás aquellos deseos egoístas que me apartan de ti y renuncio a amar al dinero, los bienes, el estatus y el poder y te pongo a ti como el Único anhelo en mi corazón. Amén.
Plan completo en https://instruccionespersonales.com/mire-que-no-caiga/
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