…que ibas ignorar su voz y sus consejos,
…que ibas a tomar una decisión equivocada,
…que ibas a caer en tentación,
…que esos errores traerían consecuencias,
…que esas consecuencias te lastimarían,
…que te ibas a enojar con él,
…que te ibas a alejar de él,
…que lo ibas a necesitar,
…que ibas a ser demasiado orgulloso para admitirlo,
…que estás sufriendo,
…que te sientes solo,
…que has estado triste,
…que a veces piensas que lo que te pasa no tiene sentido,
…que tienes fe, pero a veces sientes que se te acaba,
…que dudas de Él y su existencia y tu propósito,
…que eres débil,
…que crees que hay cosas para las que ya no hay esperanza.
…que eres polvo.

Y por eso, te amó primero.

En la cruz, Él cargó con tus necedades, con tus desprecios, con tus dolores, con tus frustraciones, con tu incredulidad, tus enfermedades, tus maldades, con cada error y pecado, porque sabía que eres de carne y hueso y no podías lograrlo solo.

Te amó primero

 

  

Porque sabía que alguien debía enseñarte a hacerlo.
Porque Él te creó y te diseñó en lo profundo de su corazón.
Porque puso una codificación genética divina en ti, junto con planes y talentos increíbles que tal vez aún no descubres, pero que si confías en Él lo harás.
Porque aunque le debes todo, es tu amigo y te trata como un hijo amado a quien le ha dado todo y en quien se complace cada vez que regresas a verlo.

Él lo hizo primero, para que no tuvieras miedo.

Jesús se humilló bajo la poderosa mano de Dios, oraba siempre y buscaba ver sonreír al Padre con cada una de sus acciones y siempre buscaba que las personas cambiaran su forma equivocada de vivir, y entonces el Padre lo oía y les perdonaba y les sanaba.

Jesús nos puso el ejemplo, para que lo imitemos.

Jesús nos amó, y nos perdonó primero, para que nosotros también podamos hacerlo.
Oremos hoy por todas aquellas personas que necesitan experimentar el perdón de Dios, o que necesitan oírlo para sanar sus heridas, y vivir felices. Oremos también por todos aquellos que no han perdonado a Dios porque creen que les ha fallado, para que sean capaces de comprender cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo por ellos y se reconcilien con Dios.
Incluyamos también a todos los que están heridos sin saber por qué, para que recuerden que sus pensamientos, no son los pensamientos de Dios, que Él tiene cosas grandes y ocultas que aún no conocen, pero que si claman a él, Él les responderá y se las mostrará todas a su debido tiempo, y verán que su plan era hermoso.

Perdona a otros tan rápido como quieras que Dios te perdone a tí.

Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. 

2 Crónicas 7:14