No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
1 Juan 2:15-17
Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.
Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
Los dioses del mundo ofrecen los deseos de tu alma; en tu alma se gestan las emociones y sentimientos.
Si te sientes triste, encontrarás un dios en el mundo que intente apagar tu tristeza, temporal y adictivamente, para que sigas recurriendo a él.
Pero solo Dios suple nuestras necesidades, de forma total.
¿Qué has amado más que a Dios últimamente? ¿En dónde has depositado tu confianza? Cada una de estas cosas son una cisterna rota.
Vas a ser tentado y seducido por los amantes del mundo, pero resiste y haz la voluntad de Dios.
El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre, ¿recuerdas?
Tú ya has iniciado un plan de conquista, no permitas que los deseos de la carne, la pasión que entra por los ojos y la arrogancia de la vida te aparten del plan.
El reto de hoy es: permanecer en la voluntad de Dios.
Cada vez que te enfrentes a una situación de hoy en adelante, que tu primer pensamiento sea: Señor ¿qué quieres tú que yo haga? Y luego que lo confirmes con la palabra de Dios, hazlo.
Recuerda: la Voluntad de Dios permanece, para siempre.
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