Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

Mateo 6:3-4


Dar es una de las cosas que más llena, y es precisamente por eso que nos brota por todos lados la alegría de querer compartirlo.

Y es que la palabra de Dios no falla, al grado que muchas personas, con o sin el deseo de agradar a Dios, dan de manera altruista a muchas causas y son acreedores de muchas satisfacciones.

Pero Dios nos pide que hagamos algo distinto, porque Él sabe que toda acción de dar genera una recompensa, y si tú quieres la recompensa de las personas, seguramente la obtendrás, pero si esperas la recompensa de Dios, con seguridad te sorprenderás.

Porque si partimos del principio que todo lo que tenemos le pertenece a Dios y sólo nos ha sido dado para administrarlo para Su gloria, entenderemos que dar es devolverle a Él, que no es gastar, sino invertir en Su reino y Su justicia.

Tal vez tú creas que sin trabajo no hay sueldo, y sin sueldo no hay ofrenda que dar, y que si Dios es dueño de todo, entonces no necesita nada, pero Dios quiere enseñarte a poner en práctica tu fe.

Demos con fe y con alegría.

Recordemos que a Él nunca le vamos a ganar en dar. Todo aquel que da al pobre presta al SEÑOR, y él le dará su recompensa, dice Proverbios 19:17.

Si tú has dispuesto tu corazón para dar con fe y con gozo, haz este ejercicio hoy y medita de quién esperas recibir el pago, de la admiración de las personas, o de Dios; y actúa en consecuencia.

Complacer el corazón de Dios no tiene precio, pero te llena de valor ante sus ojos.


Procuremos ser hallados fieles y Él nos pondrá sobre mucho y entraremos en el gozo de nuestro Señor.

Demos en lo en secreto, para que Dios se agrade de nuestras acciones.

Oremos hoy por todos aquellos que no tienen trabajo y sienten que no tienen nada que dar. Para que el Señor les recuerde que en Su reino no hay desempleados, que la mies es mucha y hay vacantes disponibles de obreros.