Saber que Dios conoce todo de mi (hasta lo peor) y que aún así me ama, es el mayor consuelo que he recibido.
Nada me alegra más que oír lo que Dios dice de mí, y quiere que tú también lo sepas, porque opina lo mismo de ti.
¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía! ¡Cuánto mejores que el vino tus amores, Y el olor de tus ungüentos que todas las especias aromáticas!
Cantares 4:10
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